En realidad, ni tú ni yo seremos nadie en esta vida. Tú por crédulo y yo por hipócrita. Tú por confiarte al bien y a las personas buenas. Yo por creer que todo da un poco igual y quererme, en secreto, solo a mí.
Quizás si alguien nos hubiera explicado a tiempo lo sencillas que son las cosas y que no hay salida ni respuesta correcta, quizás entonces no hubiese malgastado tantas horas de mi vida pidiendo indicaciones y tú hubieses confiado mucho menos en la gente (y en ti mismo). Quizás al entender cómo son las cosas hubiésemos descubierto que no sabemos nada, y solo entonces habríamos dejado de preguntar estupideces.
Que no es que de igual lo que haga, ni tampoco que no sepa el qué hacer. El problema es la dirección que toman las cosas por si solas, como por gracia divina o un mal de ojo, y cuando uno quiere darse cuenta no sabe dónde ha puesto el pie, ni qué va a hacer allí donde está. Y quizás las cosas que pasan no sean ni buenas ni malas, como las personas.
Realmente ni tú ni yo seremos nadie, y da igual lo que digas o lo guapo que seas. Estamos condenados a la pequeñez desde que nacemos, como especie. Yo fui crédula también alguna vez, y creí en las cosas buenas y en las películas. Y ahora soy una hipócrita, porque aunque lo niegue, sigo creyendo en ellas.