Poco hay que decir a estas alturas que no se haya dicho ya de los principales perpetradores de Marty Supreme, el nuevo éxito rotundo que arroya todo a su paso tanto en festivales como en la cartelera y que promete una estelar escalada del joven Chalamet hacia el que podría ser su primer Oscar.
Por un lado tenemos al director Joshua Safdie, quien ya había cosechado junto a su ahora perjudicadísimo hermano Ben, la eufórica ‘Diamante en bruto’. Su estilo es de todo menos casual. Cada encuadre, cerrado hasta la asfixia, está diseñado para empujarnos a la fuerza, dentro de la psicología del personaje. El ritmo es frenético de principio a fin -tanto que las más de dos horas y media de metraje se pasan relativamente volando- y absolutamente cada pieza de la historia parece encajar a la perfección en ese crisol que es el personaje de Marty Mauser.
Por otro lado tenemos a Chalamet, que lleva años despuntando como uno de los mejores actores de su generación, si no el mejor. La realidad es que no solo domina su arte, sino que ha tenido la inteligencia de elegir cuidadosamente sus proyectos. Quizás, debido al consejo que una vez le dio el bueno de Leonardo DiCaprio sobre alejarse de las películas de Marvel. Un consejo que, sin duda, los cinéfilos de corazón agradecemos enormemente. Y es que un actor de la talla de Chalamet -y recordemos, que tan solo tiene 30 años, por lo que objetivamente tiene toda su carrera por delante- no se forja de la nada ni es fruto de la aleatoriedad.
Chalamet tiene el ímpetu que lo diferencia del resto, una resolución firme a ser el mejor, una determinación que comparte con su personaje en Marty Supreme. Y la realidad es que su actuación es impecable en cada uno de los proyectos que escoge, pero la película que ha dado a luz junto a (director) le ha permitido mostrar tal abanico de emociones en un personaje que explota en cada escena, no en el sentido más literal sino explotar entendido como la interpretación llevada a su máximo exponente. Es indudable que cuando un actor alcanza una fama semejante es difícil para el espectador desdibujar esa línea entre intérprete y personaje, pero en este caso no importa. Y no importa porque Marty Supreme es un personaje perfectamente ejecutado y además, casi el único que sostiene todo el peso de la película.
En general, la película es digna de ver. Las situaciones son por momentos desesperantes, mientras que la pulsión del protagonista por llegar a lo más alto es el combustible de toda la trama. Divertida, enérgica y moralmente cuestionable, es una historia enteramente disfrutable con su buena dosis de epicidad que es muy probable que guste e incluso encante a cualquiera.