El problema de acercarse por primera vez a una película después de haber oído hablar demasiado de ella, especialmente cuando las críticas son tan alabadoras, es que te decepcione, por lo menos un poco. Valor sentimental ha sido tan encumbrada, tan comparada con Bergman y tan alabada por su inspiradora profundidad que una no puede más que esperar de ella una propuesta reveladora. No es el caso, aunque tiene muchas cosas a destacar y es, en esencia, una película con una intuición, una profundidad emocional y una delicadeza para tocar y herir que no pasan desapercibidas.
La película empieza y termina con Cannock Chase del cantante, compositor, músico y poeta británico Labi Siffre. La elección no es, evidentemente, aleatoria. Es una pieza cuidadosamente seleccionada para expresar un sentimiento de superación tras el abatimiento. Es la historia de quien se sobrepone, pese a lo cansado de su alma, y decide continuar con su vida esperando que “llegue su momento”.
Tras la muerte de su madre, dos hermanas enfrentan la vuelta de su padre ausente, a quien culpan de los mayores problemas y dificultades que tuvieron en la infancia. En una casa llena de gritos e inestabilidad, las hermanas solo se tenían la una a la otra, pero la mayor de ellas terminó soportando la pesada carga de sacar a la familia adelante.
Ya en el presente, ella es una actriz de teatro, un arte que su padre no entiende ni disfruta, y posiblemente tampoco respeta. Él, un aclamado director de cine en el ocaso de su vida, ha decidido rodar su última película, que referencia la vida de su propia madre y debe ser rodada en su misma casa. Sin embargo, el personaje principal debe ser su hija mayor, porque para ella ha sido escrito a medida.
La negativa de la hija mayor, la necesidad de mediar de la menor, la búsqueda del padre de ese último destello creativo y artístico en una industria que se ha transformado violentamente, son los ingredientes principales que componen Valor sentimental. Dicho esto, la espina dorsal es una lectura reflexiva e intimista sobre el abandono, el sufrimiento y la búsqueda de sentido entre lo personal y lo profesional. Es una mirada audaz a una de las relaciones más especiales y complejas que existen: la de una hija con su padre.
Las actuaciones de Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas y Elle Fanning son una maravilla, a todas luces, tocando especialmente registros altamente dramáticos y emotivos ellas, mientras que Skarsgård borda una interpretación enormemente contenida que es, en definita, lo que se espera del evitativo padre ausente.