La Odisea Nolan

‘La Odisea’ de Nolan: una gran obra cinematográfica que se enfrenta a su fuente

Cine

Personalmente, siempre he sido muy amiga de los análisis sobre las adaptaciones cinematográficas de obras literarias. Aquellas que han triunfado y, sobre todo, las que han pasado la prueba del tiempo, son una fuente inagotable de éxitos para la gran pantalla. No obstante, lo que parece una apuesta segura puede convertirse en un estrepitoso fracaso si se pone al mando a la persona o al equipo equivocado. 

Es fascinante ver cómo cada autor hace suya la obra y cómo se adapta una historia a un lenguaje tan diferente como es el cinematográfico. Además, no se puede perder de vista que el cine es un mercado y el resultado debe estar adaptado al público de cada momento. Las adaptaciones literarias son siempre una invitación al debate donde el autor, los espectadores y los acérrimos a la obra original pelean por ver quién es más purista y quién más moderno y desapegado. 

Cuando Nolan anunció que se disponía a enfrentar la titánica tarea de adaptar nada menos que ‘La Odisea’-considerada el pilar máximo de la literatura occidental y universal-, nadie puso en duda que el resultado sería una película impresionante en lo relativo a su calidad cinematográfica, el nivelazo de su reparto o la epicidad de las composiciones musicales que la acompañarían. Sabíamos que para la gran mayoría del público iba a funcionar y muy bien porque en su ADN no está el hacer películas malas, es así de simple. 

No obstante, muchos críticos, expertos en literatura e incluso espectadores han encontrado en ‘La Odisea’ del cineasta una versión aguada del clásico de Homero. Pasajes que desaparecen o se mezclan con otros, personajes con una profundidad enormemente reducida y, en general, un tono mucho más oscuro, en el que el epicentro de todo es el pesar de Odiseo tras los acontecimientos de Troya, mientras trata de regresar a casa en una travesía constantemente entorpecida por las pruebas de los dioses. Evidentemente esto ha hecho surgir muchas comparaciones tanto con la película ‘Ulises’ (1954), protagonizada por Kirk Douglas, como con ‘El regreso de Ulises’ (2024) con nada menos que Ralph Fiennes y Juliette Binoche a la cabeza. Pero Nolan avisó de que esta era SU visión de ‘La Odisea’, y quien avisa no es traidor.

Sinceramente, no he leído la obra de Homero -aunque ya me he comprado un ejemplar para leerla cuanto antes, como muchos otros después de ver la película- por lo que solamente puedo opinar de la obra como una unidad de sentido independiente, virginal y libre de toda atadura y comparación. De hecho, aunque he confesado que me encantan los análisis comparativos película-libro, creo que es así como deben consumirse las adaptaciones. Muy a mi pesar, esta postura deja algunas de mis películas favoritas, como ‘Puro Vicio’ de Paul Thomas Anderson, como cintas bastante cojas. Que no se me entienda mal: la película me encantó y gracias a ella llegué al libro de Thomas Pynchon, pero solo después de leerlo pude entender y disfrutar completamente de la película. No obstante, una película es una película y nadie pretende que para entenderla o disfrutarla haya que leerse también un libro, de ahí que deba considerarse como una unidad, pero también como una visión del autor que la crea y no como una representación fiel de ninguna otra.

Volviendo a ‘La Odisea’ y dejando a un lado el espinoso tema de la fidelidad de la adaptación, lo cierto es que no se puede decir -no creo, de verdad, que nadie pueda afirmarlo- que es una película mala. No creo que nadie pueda situarla siquiera por debajo del calificativo de “buena”. La versión de Nolan te emociona, te aterra, te transmite una enorme melancolía y te hace conectar con sus personajes, aunque solo sea con unos pocos. La música de Ludwig Göransson está conformada por piezas muy hermosas pero también potentes, producidas con la encomiable tarea de utilizar, principalmente, instrumentos inspirados en la Antigua Grecia y prescindir de la música orquestal. 

El reparto está compuesto por tantos grandes actores de nuestro tiempo que es una verdadera pena que algunos tengan tan poco tiempo en pantalla y no puedan hacer valer su talento. En esta categoría de actores poco aprovechados destacaría sobre todo a Mia Goth, que apenas tiene un par de líneas, a Lupita Nyong’o, que tiene algo más de tiempo en pantalla, pero no el suficiente, o a Zendaya, cuya presencia en la película es comparable con su trabajo en la primera entrega de Dune: anecdótica y casi más pensada por su valor para la campaña de marketing que por lo que puede aportar a la película.

Por el lado de las grandes interpretaciones tenemos a un Matt Damon impresionante, cargando sobre sus hombros con casi todo el peso dramático de la película; una Anne Hathaway arrolladora con momentos de altísimo valor emocional; un Robert Pattinson que nos hace detestarlo en su papel de Antínoo, siendo uno de los actores más brillantes del panorama actual, y un Tom Holland capaz de transmitir correctamente todo el desasosiego y frustración del joven Telémaco. 

Completan el reparto otros grandes actores y actrices, como Charlize Theron, Eliot Page, Jon Bernthal, Benny Safdi, Samantha Morton, John Leguizamo o Himesh Patel. Todos admirables en un trabajo que queda diluido por la gran cantidad de personajes y situaciones que componen esta historia y que, de nuevo, nos hace pensar en eso de que el cine es un gran mercado donde hay que vender entradas y aprovecharse de que la gente quiere ver caras conocidas. Cuantas más, mejor.

Más allá del increíble elenco, la visión de Nolan de la obra de Homero ha conseguido algo que muy pocos cineastas consiguen en la era de la IA y el CGI, y me refiero a lograr escenas de fantasía que no parezcan una cutrez absoluta -lo siento por Gladiator II-. Viendo la escena en la cueva de Polifemo, el paso de Escila o la secuencia de las sirenas, me venía a la mente cómo Denis Villeneuve manejó la puesta en escena de los gusanos de arena en Dune, introduciéndolos con una luminosidad muy baja. Muestra poco y habrá menos que criticar. 

Pero Nolan no se limita a mostrar poco y ha llevado a cabo una labor inmensa creando una marioneta gigante para representar al monstruo Polifemo. Además las decisiones que tomó a la hora de grabar todas las escenas marítimas, con un barco real, en tormentas reales, imprime en la película un realismo precioso que pocos los efectos especiales no son capaces de igualar. Esta es, para mí, la diferencia entre hacer arte o hacer entretenimiento. Nolan se erige como un artesano de su oficio, el cine, en contraposición a las producciones que tienen delirios de grandeza y pretenden conseguir grandes resultados con presupuestos ajustados. Lo que se obtiene cuando se pone todo el trabajo y el esfuerzo en el proceso, sencillamente, no puede ser lo mismo. 

En general, la atmósfera que construye Nolan, muy pesada y muy oscura, choca con lo que los expertos en la obra original esperaban, pero transmite a la perfección ese trasfondo más filosófico del que el cineasta ha querido imbuir su película. Su espectacular cinematografía, que solo se puede calificar de hermosa y elegante, nos dejará para siempre en el recuerdo escenas como la caída de Troya, la visita al Hades, las travesías marinas, los interiores cálidos y a la vez tenebrosos del palacio de Ítaca o cualquier aparición de un imponente Agamenón. 

La música acompaña generosamente -a veces demasiado- las escenas más reflexivas y aquellas que contienen grandes dosis de acción. Quizás peca de utilizar la música con demasiada insistencia, pero sin duda es uno de los ingredientes que ayudan a que el ritmo de la película sea tan ligero y que las tres horas de metraje transcurran con bastante agilidad. 

Nolan ha creado una obra que será recordada, de entre toda su filmografía, como la más ambiciosa, pero su mayor logro quizás sea que conseguirá acercar a mucha gente a la obra original al tiempo que se erige como una obra independiente en la que la mirada del cineasta es el eje vertebrador de todo el proyecto y de su significado. Odiseo, nos vuelve a demostrar, a pesar de lo que pudiera parecer, que sigue muy vivo. 

Rating: 4.5 out of 5.