El hecho de que hace muy poco hayamos presenciado el enormísimo éxito de ‘Sentimental Value’ de Joachim Trier, en el que trata un tema muy similar al que explora Sorogoyen en ‘El ser querido’, me había despertado mucha curiosidad por la segunda propuesta. Siempre es interesante ver cómo dos creadores tan diferentes resuelven un planteamiento tan parecido.
La película de Sorogoyen, protagonizada por unos arrolladores Javier Bardem y Victoria Luengo y con Álex de Pablo como director de foto, presenta la historia de un padre que se reencuentra con su hija tras varios años de ausencia en los que ha estado triunfando en el extranjero como director de cine. En una comida con su hija, una actriz sin éxito, le propone ser la protagonista de su próxima película, una historia sobre el Sáhara que reflexiona sobre la responsabilidad y el abandono.
Esquematizándola, para volver a la comparativa con ‘Sentimental Value’: padre e hija con una relación rota se reencuentran para que ella sea la protagonista de la película que él, un director de gran renombre, quiere rodar. En ambos casos además la película es una herramienta de redención para el padre y una complicación de enorme calado emocional para la hija.

A partir de aquí, Sorogoyen se centra en el proceso de rodaje de la película en cuestión, que ofrece una oportunidad a ambos para que recuperen una intimidad que habían perdido. Sin embargo, el dolor de la hija es demasiado profundo y la personalidad de su padre, que saca lo peor de sí mismo en el trabajo, tampoco ayuda. Todo el proceso de grabación estará enturbiado por un pasado del que no pueden hablar.
La película cuenta con algunas escenas especialmente impactantes que merecen todas las alabanzas posibles. Especial mención a la del rodaje de la comida, y a esa imitación tan descorazonadora que Emilia (Luengo) hace de su padre. Sorogoyen consigue dimensionar los pormenores del dolor y la culpa que conviven en la relación padre e hija de una manera muy respetable, aunque algunas decisiones narrativas y estéticas parecen ser más una distracción que un complemento. En lo positivo, se hace sencillo conectar con el dolor de Emilia -no tanto con el del padre- gracias a la impecable interpretación de Luengo y al trabajo de Sorogoyen para mostrarnos su mundo interior desde la cámara.

Sin embargo, por alguna razón, parece como si faltara una catarsis, un momento de redención real. La película crea más y más tensión con pequeños momentos de fuga, que no generan sino todavía más incomodidad y una especie de dolor sordo que se mantiene de fondo durante todo el metraje pero que, a la vez, no alcanza las dimensiones que debería para causar una emoción lo suficientemente real en el espectador.
Veo una historia relativamente interesante, con un tira y afloja de reproches y concesiones que se queda sin resolver. Quizás es simplemente un fiel reflejo de cómo son las relaciones en la vida real -incompletas, a veces irresolubles-, pero esa pieza que siento que falta hace que se diluya mucho el efecto que el resto de la película causa en mi. Me resulta incompleta y creo que se podría haber explorado mucho más el dolor de ambos personajes y, sobre todo, ofrecer un cierre que terminara de redondear la historia. Después del triunfo de ‘Sentimental Value’, con una idea de base muy similar, y de los reseñables trabajos de Sorogoyen que la precedían, ‘El ser querido’ simplemente no es la película que esperaba ver